Una nueva mirada
En la época de colonización francesa en África, entre los años 1915 y 1920, los gobernadores civiles y los jefes militares organizaban con bastante frecuencia sesiones de cine. Por supuesto, se trataba de distraer, de ofrecer un espectáculo moderno, pero también de mostrar a los pueblos sometidos el indiscutible predominio de los blancos.
Algunos hombres extendían una sábana entre dos postes, instalaban con mucha precaución la misteriosa máquina y, entonces, allí y al aire libre, aparecían de repente las imágenes en movimiento.
Los notables africanos y los líderes religiosos eran invitados a esas representaciones y no podían dejar de ir. Pero, la mayoría de ellos eran musulmanes, y es bien sabido que su larga y severa tradición les prohíbe representar la figura y el rostro humanos que consideran obra de Dios.
Algunos hombres, atendían diplomáticamente las invitaciones oficiales, estrechaban las manos francesas y se sentaban en los lugares que se les había asignado, pero cuanto todo se sumía en la oscuridad, cuando el primer rayo de luz brotaba del extraño aparato, cerraban los ojos y así los mantenían durante toda la proyección… Estaban presentes y ausentes ¿Qué película verían si no veían nada? Era una película invisible y silenciosa.
Cuando estamos con los ojos cerrados, las imágenes suelen perseguirnos y es casi imposible escapar de ellas por completo….
Muchas veces cuando nosotros vamos al cine o miramos películas, somos como esos musulmanes, pero con los ojos abiertos. Por razones múltiples y confusas nuestra visión es imperfecta, muchas veces nos negamos a ver o vemos otras cosas.
El lenguaje audiovisual no es nuevo para nosotros, pero siempre es necesario abrir los ojos, educar la mirada…
viernes, 20 de noviembre de 2009
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